CAPÍTULO 153

El pincho de metal cortó el aire con un silbido agudo, pasando a milímetros de la yugular de Carmen.

Bermejo, cegado por el agua y rugiendo de furia, atacaba a ciegas, pero atacaba con fuerza letal. La hoja afilada se clavó en el colchón del catre, rasgando la tela con un sonido de cremallera rota.

Carmen no esperó a que él recuperara la visión.

En una celda de tres por cuatro, no hay dónde correr. Solo hay dónde matar o morir.

Aprovechando que el arma del guardia estaba atrapada momentáneament
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