Mundo ficciónIniciar sesiónBenditos tacones, bendito vestido y bendita sea la hora en la que me decidí a salir. Llegando a la discoteca, me llama Gael, mi marido.
Leer másEsto era una mierda. No, era un infierno, un lugarhabitado por los peores hombres de la humanidad.Era después de la audiencia en el tribunal donde tuve quesentarme detrás de Sam y ver a ese juez listo para quitarlela custodia. Ese juez era un pedazo de mierda y no era soloun presentimiento, se convirtió en realidad cuando en elmedio de la audiencia llegó el FBI para arrestarlo.La jueza que lo reemplazó era correcta y eso me hizosentir mal cuando decidió que los Sanders no tenían razónpara pedir la custodia. No sé qué hizo Sam o cómo lo hizo,pero esa prueba de ADN que aseguraba que Fred Sandersno era el padre de Liv era falsa.Era después de que Sam me miró como si la hubieratraicionado de la peor manera. Sí, sabía que en la web habíavideos con Sam, lo sabía y no se lo había dicho. No habíaencontrado ni el momento ni la manera oportuna parahacerlo.El domingo fue una verdadera locura,
¡No, de nuevo no!No tenía que abrir los ojos para saber que estaba enproblemas. Recordaba muy bien lo que había pasado, cadadetalle desde que me detuve en las escaleras.¿Por qué lo hice?A lo mejor nos hubiera dado tiempo a llegar al coche,subir y marcharnos antes de la llegada de los hombres. Ianno estaría muerto.Ian. Mi Ian.Muerto y a pesar de todos mis esfuerzos de no dejar anadie entrar en mi corazón, él lo había conseguido y ahorasu muerte dolía. Y dolía igual que lo hizo cuando perdí a mispadres, incluso más ya que él murió por mi culpa.Él estaba ahí por mí, por acompañarme.Él tomó una bala por protegerme.¿De quién es la culpa si no mía?Ni siquiera pude mirarle a la cara por última vez, nisiquiera pude tocarlo.¡Dios!¿Por qué?Quería seguir sintiendo pena por mí misma, tristeza porél, culparme por la muerte de Ian, quería hacer lo que seapara no tene
—¡Joder! ¡Ava! —grité.—Por Dios, Isabella, recuerdas que estamos en unhospital, ¿no? —espetó Ava entrando en mi oficina.—¿Tú no tenías que investigar el asunto de Sam?—Peters, el chico nuevo está en ello.—Pues Peters está haciendo un trabajo de mierda —dijevolviendo el portátil hacia ella.Ava maldijo al ver el video del secuestro de Sam.—¿White?—Ahora lo traen, herida de bala en el abdomen, pero estáconsciente. Al menos lo estaba al principio. Tuvieron quesedarle porque quería ir y rescatar a Sam.—Ya voy yo —dijo Ava.—Ava —la llamé cuando estaba a punto de abrir la puerta—. Quiero que paguen, ¿me entiendes?—¿No lo hacen siempre?—Estoy harta, Ava, harta de esos hombres que piensanque pueden secuestrar a una mujer a plena luz del día ynadie moverá un dedo. Quiero un ejemplo, quiero un castigoejemplar para ellos y para todas esas mierdas de reporterosque grabaron y ni
Temblaba.Sabía que todo iba a salir bien, pero eso no me impedíatemblar. Subí las escaleras del juzgado agarrando confuerza la mano de Ian. Había tenido mucho cuidado por lamañana cuando me vestía, había elegido un vestido negro,ajustado y elegante. Zapatos con tacones altos y alrededorde mi cuello las perlas de mi abuela que las heredó mimadre y luego yo, que en algún momento heredará Liv. Elcabello suelto caía en ondas brillando después de todo eltiempo que pasé en el espejo peinándome.Ian, era la pareja perfecta a mi lado con su traje negro ycamisa blanca.Era guapo y cuando iba tan serio como ahora, con esamirada intensa que todos que se nos cruzaban se alejabande nuestro camino, me entraban ganas de tirarme a susbrazos y besarlo. Y otras cosas.Él no sabía lo que había planeado con Isabella, no hubomanera de encontrar un momento a solas o un lugar dondepoder hablar sin miedo.Ayer por la tarde no tuvimos un momento de paz, sufamilia era ruidos





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