Nos marchamos los tres de mi casa, hacia donde estaba el coche de mi esposo poniendose en el asiento del conductor Stell. Yo sentía que las fuerzas me iban a fallar cuando llegáramos a ese club donde me decían, pues nunca había estado desnuda delante de nadie, excepto delante de mi esposo. Stell aparco unos minutos más tarde el coche, bajando primero Mario ofreciendome su mano para ayudarme a bajar, nos acercamos al club, fijándome en las luces de Neón que iluminaban la fachada. Entramos y como me dijeron me tuve que quitar el abrigo que llevaba, quedándome solo con la correa en mi cuello y la cadena que tenía mi esposo en su mano. Entramos fijándome en que habían muchas mujeres que vestían lo mismo que yo, o sea estaban desnudas, pero aunque intenté tranquilizarme, me fue del todo imposible, escondiéndome cuando podía detrás del cuerpo de mi marido.
—- Nos vamos a sentar y quiero que te quedes en el suelo entre mis piernas, si se acerca algún hombre a tocarte, no digas nada, ya me