Los primeros rayos del sol comenzaban a colarse tímidamente por los ventanales del área VIP del hipódromo, proyectando una luz dorada sobre la piel desnuda de Sofía. Dormía con los brazos cruzados sobre el pecho de Naven, respirando con tranquilidad, mientras los latidos del hombre marcaban un ritmo acompasado bajo su mejilla.
Naven Fort no dormía.
Hacía rato que la observaba.
Sus dedos se movían con lentitud, trazando círculos en la espalda de su esposa, sintiendo aún el calor del encuentro