45 minutos después habían llegadom El restaurante tenía ese aire íntimo que solo los lugares elegantes y discretos logran tener. Luces tenues, una música suave que apenas susurraba entre las mesas, y un aroma a vino caro y especias que parecía flotar entre las conversaciones apagadas.
Sofía y Catalina se acomodaron en una mesa cerca de una gran ventana con cortinas de terciopelo rojo. Sofía eligió el asiento que le daba la vista al salón, mientras Catalina prefería el respaldo contra la pared.