El sol del mediodía caía tibio sobre los jardines de la Residencia Fort. Sofía seguía en el mismo lugar donde se había recostado junto a Ares, acariciando con los dedos la hierba fresca mientras su mente aún reproducía cada frase del desayuno con Naven.
El canto de un pájaro se mezcló con el sonido de un motor elegante deteniéndose en la entrada. No le prestó atención al principio. La Residencia recibía visitas de personal administrativo o aliados de negocios con frecuencia, y rara vez interfer