Sofía apenas cruzó el umbral de su departamento cuando sus pies ganaron velocidad por voluntad propia. Su bolso resbaló al suelo sin ceremonias, los zapatos volaron en direcciones opuestas y su elegante peinado, que había resistido dos horas en la universidad y otra más dentro de un Bentley con tensión latente, ya pendía de un hilo emocional y gravitacional en frente y causado por Naven Fort.
—¡Mininooo! —susurró con la urgencia de quien teme estar hablando demasiado fuerte, aún dentro de su pr