La noche había caído sobre la imponente residencia Fort como un manto de sombras elegantes. El silencio era casi sagrado, interrumpido solo por el suave susurro del viento colándose entre los cipreses que rodeaban los jardines. Sofía, incapaz de dormir, se había puesto una chaqueta ligera sobre su pijama y había salido al jardín trasero en un acto impulsivo. Aquel lugar parecía de ensueño bajo la luna. Los setos perfectamente recortados, las fuentes silenciosas, y el tenue resplandor de las luc