El sol apenas comenzaba a filtrarse por las enormes ventanas de la residencia Fort, tiñendo las paredes de la suite de Sofía con una tenue luz dorada. Sin embargo, en el interior del departamento, la atmósfera era espesa, cargada de un nerviosismo silencioso. Sentada en el sofá de terciopelo gris, Sofía acariciaba lentamente al pequeño gatito en su regazo, su suave bola de pelos ronroneando con placidez. Lo había nombrado Eros, y desde que prácticamente se lo ha robado la noche anterior al verl