MADRID
La Residencia Fort emergía en la oscuridad de la madrugada como una fortaleza solemne, iluminada tenuemente por las luces empotradas a lo largo del camino de entrada. El portón principal se abrió sin hacer ruido, como si incluso el metal supiera que era mejor no perturbar aquella noche.
El jet había aterrizado hacía menos de una hora. El trayecto desde el aeropuerto hasta la mansión fue silencioso, y Sofía, rendida por el agotamiento emocional y fisica después de entregarse a Naven, dor