La brisa de la tarde era suave, como si el mundo entero supiera que algo sagrado acababa de suceder. Afuera del hospital, un Rolls-Royce Phantom negro, pulcro y elegante, reposaba junto a la acera. Su carrocería relucía bajo los rayos dorados del atardecer, reflejando el cielo en su pintura como si fuera un espejo líquido. Las líneas sobrias y curvas del auto transmitían una elegancia atemporal, una presencia que no requería estridencias para imponer respeto. Las puertas traseras abiertas esper