Mientras tanto, Sofía aún no sabía nada. La ducha seguía cayendo sobre su espalda mientras apoyaba la frente contra los azulejos fríos, con los ojos cerrados. Quería quedarse allí para siempre.
A lo lejos, se escuchaban pasos en el pasillo. Una conversación apagada. Pero el murmullo no logró atravesar del todo su burbuja. No todavía.
Cuando finalmente salió de la ducha, envuelta en una toalla blanca y con el cabello goteando, revisó el reloj. El almuerzo con Leo no había durado tanto, pero to