El rugido leve de los motores se volvió un murmullo constante, casi hipnótico, mientras el jet privado atravesaba las nubes rumbo a Grecia. Dentro de la cabina, la luz ambiental estaba regulada con precisión, creando un ambiente sobrio, sofisticado… digno de Naven Fort.
Sofía estaba recostada en uno de los amplios asientos de cuero blanco, envuelta en una manta liviana de cashmere. Había cerrado los ojos por unos minutos, intentando conciliar el sueño, pero su mente divagaba más rápido que el