La Residencia Especial estaba ubicada a las afueras de Madrid, entre viñedos y colinas suaves, rodeada por una muralla de piedra blanca y altos cipreses que ocultaban el lujo y el silencio que se respiraba allí dentro. Flor Fort poseía aquella propiedad desde hacía años, pero rara vez pasaba más de unas semanas en Europa. Sin embargo, esta vez, pidió que estuviera preparado para un mes.
El auto frenó frente a la entrada principal. Dos sirvientes ya esperaban para asistirla con el equipaje. Nave