La luz de la Luna comenzaba a filtrarse a través de las cortinas del ventanal, tiñendo de un color palido la habitación. Un leve susurro de viento acariciaba la tela, creando un vaivén casi hipnótico. Los párpados de Sofía se movieron levemente antes de abrirse por completo. Parpadeó un par de veces, confundida, como si hubiese despertado de un sueño demasiado dulce… o demasiado peligroso.
Y entonces lo sintió.
No estaba sola.
El calor a su lado, el peso de un brazo masculino sobre su cintura,