El cielo sobre Madrid ya estaba despejado. La tormenta de la noche anterior había dejado el aire limpio, casi nuevo. La Residencia Fort brillaba con su habitual sobriedad silenciosa, y en una de sus habitaciones, Sofía sostenía su teléfono móvil con una sonrisa ligera en los labios.
—¿Y bien? —preguntó con cierto nerviosismo—. ¿Están libres para una videollamada?
La respuesta fue inmediata.
—¡Obvio! —saltó la voz de Alicia Michelle, cargada de entusiasmo, sus bebés estaban dormidos —. ¿Qué pasa