Caminamos por las calles, disfrutando del aire fresco y la compañía del otro. María se veía radiante, su embarazo le daba un brillo especial y la hacía aún más hermosa. Llegamos al restaurante y nos sentamos en una mesa cerca de la ventana, disfrutando de la vista y de la comida. Hablamos de todo un poco, de planes futuros, de cómo sería la vida cuando los trillizos lleguen, de nuestros sueños y deseos. María estaba emocionada, y eso me llenaba el corazón de felicidad.
Después de la cena, nos d