Ya son las dos de la mañana y yo no he podido dormir nada, me siento incómoda y estoy muy inquieta. No dejo de pensar en Sebastián, la verdad quiero estar con él, no sé si son las hormonas del embarazo. Sus palabras, sus besos, la forma en que me habla, me abraza y me mira. Resoplo frustrada con mi amiga de la mitad palpitando por sentir la banana de Sebastián.
Me levanto de la cama para ir a buscar un delicioso helado en la cocina. Mientras camino por el pasillo para bajar las escaleras, trato