NARRA ADRIÁN
El tintineo de los cubiertos de plata contra la porcelana importada resuena en el comedor principal como pequeños fragmentos de cristal rompiéndose en una fosa común. La opulencia de la mesa de roble, iluminada apenas por la luz mortecina de los candelabros de plata, solo acentúa la distancia kilométrica que nos separa. El aroma a lomo trufado y vino tinto de reserva inunda el ambiente, un olor que en cualquier otra circunstancia abriría el apetito de cualquiera, pero que en este