Me inclino un poco más, lo suficiente para percibir el temblor de sus hombros y la forma en que su respiración agitada choca contra mi pecho blindado.
–Desde ese preciso segundo, te has convertido en un simple objeto de mi propiedad dentro de esta mansión –sentencio, y cada sílaba sale impregnada de una crueldad corporativa que le congela la sangre. – Eres una mercancía incautada, una variable retenida para saldar una deuda de sangre y dinero. Y los objetos no tienen voluntad, Valeria. Los obj