La reunión se prolonga durante horas que parecen una eternidad de tortura psicológica para Valeria. Cada vez que uno de los socios hace una oferta o discute un porcentaje, Adrián utiliza el cuerpo de ella para enfatizar su dominio; le susurra órdenes al oído que son en realidad amenazas veladas, deja que sus dedos se deslicen peligrosamente cerca de la ropa interior de ella bajo la mesa mientras mantiene una conversación técnica sobre pesos y medidas, y se asegura de que ella sienta constanteme