Adrián deja la copa sobre la mesa con un golpe seco, y el sonido resuena como un disparo en la terraza. –Valeria tiene todo lo que necesita porque yo soy su mundo, De Lucca, y te sugiero que mantengas tu enfoque en las rutas de transporte y no en la libertad de mi prometida, a menos que quieras descubrir lo que sucede cuando alguien intenta auditar mi propiedad privada –responde Adrián, y su voz es un latigazo de advertencia que hace que los otros socios bajen la vista hacia sus platos.
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