Adrián la mantiene acorralada contra la puerta cerrada; su cuerpo se erige como una barrera infranqueable de calor y músculo. Valeria respira con dificultad, atrapada por el aroma metálico de la sangre que se mezcla con el perfume amaderado y el alcohol caro que emana de él. Es una combinación que debería resultarle repulsiva pero que, en aquel aislamiento absoluto, actúa como un narcótico sobre su voluntad.
Mientras tanto, él utiliza su mano libre para sujetar la mandíbula de ella con una firm