El avión aterriza en la pista privada de la isla con una suavidad que resulta insultante frente al torbellino de emociones que sacude a Valeria, quien desciende por la escalinata sintiendo que el aire tropical, cargado de sal y humedad, se le pega a la piel como una advertencia de lo que está por venir.
La mansión de la isla es una estructura de cristal y hormigón blanco que parece emerger directamente de los acantilados, una fortaleza de lujo absoluto donde la civilización parece haber sido