–Sé perfectamente que en tus manos solo existe el espacio para el dolor físico y la humillación, y que encerrarme en ese lugar inmundo sin el menor rastro de piedad solo fue una parte insignificante del castigo eterno que me toca porque tu mente enferma siempre desconfía de mi palabra –miente nuevamente Valeria, fijando sus esmeraldas en las pupilas dilatadas de él para que el peso de su actuación parezca una verdad irrevocable que termine de sepultar su redención. –Así que mi respuesta definit