NARRA ADRIÁN
–¿Ella estará mejor, doctor? ¿Esa maldita fiebre va a ceder de una vez por todas? –la pregunta brota de mis labios con una aspereza que apenas logra ocultar el dolor punzante que me desgarra el pecho, mientras permanezco inmóvil al borde de la cama presidencial, observando cómo la aguja hipodérmica penetra la piel pálida del brazo de Valeria.
–Este medicamento es de amplio espectro, señor Volkov, y hará que se le pase la fiebre en cuestión de minutos, estabilizando además su ritm