Estaba sentada en la cafetería, picando una ensalada que ni siquiera recordaba haber pedido. Cada bocado se sentía automático, como si mi cuerpo estuviera funcionando por inercia mientras mi mente volvía, una y otra vez, a la escena de esta mañana. ¿Qué demonios había pasado conmigo? ¿Qué me había poseído para admirarlo así, para tocarlo? Ni aunque alguien me ofreciera todo el dinero del mundo, habría creído capaz de hacer algo como eso. Y, sin embargo, ahí estaba el recuerdo, fresco y tan mole