Observé la cama, quería tirarme en ella y cubrirme con el edredón; todo parecía algodón ahora mismo. Lo necesitaba, mi cuerpo pedía descanso, pero mi mente seguía calculando cómo mantener cierta distancia de él.
—Esto es lo que haremos —le dije, con un tono que intentaba sonar autoritario—. Tú en un extremo y yo en el otro. Tienes completamente prohibido pasar de esta línea. —Señalé la mitad de la cama, aunque, en realidad, era una línea imaginaria que solo existía en mi cabeza—. ¿Entendido?
Lu