Un escalofrío recorrió mi espalda, encendiendo una chispa de rabia y desconcierto en mi interior. Intenté zafarme nuevamente, pero sus manos no cedieron ni un milímetro.
—¿Qué clase de broma estúpida es esa? —le espeté, tratando de mantener mi voz firme aunque mi corazón latía con fuerza.
Lucas alzó una ceja, inclinando apenas la cabeza hacia un lado, evaluando mi reacción.
—No es una broma, Elena —respondió, y aunque su tono seguía cargado de esa arrogancia irritante, había algo diferente en s