—Y por cierto, no soy nada barato.
Su voz arrastró las palabras con esa arrogancia característica que tanto me sacaba de quicio, haciendo alusión al comentario que yo había lanzado antes.
—Claro que sí —solté sin pensarlo, aunque rápidamente corregí, con una mueca de fingida reflexión—. Bueno, mentiras, barato no es la palabra... diría más bien gratuito, considerando que te le insinúas a todas.
Ni siquiera me molesté en esperar una réplica. Su rostro quedó inmóvil por un instante, pero la maner