Adri
Me reí. —Esto no va de las putas bebidas, Diego.
—¿Entonces de qué va, por el amor de Dios? —dijo—. Habla claro.
—Quiero que dejes de ponerte a la defensiva conmigo.
—No estoy a la defensiva.
—Sí que lo estás —susurré, entrelazando mi mano con la suya.
—Tú también.
—Lo sé —admití—, porque siento que me pisarías si no estoy atenta.
Frunció el ceño.
—Nunca te pisaría.
—No a propósito —murmuré.
Apretó la mandíbula y supe exactamente cómo se sentía eso.
—Solo quiero al tipo que conocí en el av