Adri
—Diego —susurré—. ¿Te vas a comportar?
Me acomodé la falda sobre las caderas.
Él sonrió contra mi cuello y me acercó más; sus labios rozaron los míos mientras me tomaba el rostro con las manos. El beso fue lento, largo, deliberado, y sentí los pies flotar en el aire.
—¿Cena? —respiró.
—Hmm —sonreí contra él mientras sostenía mi rostro—. Ese beso no dejaba lugar a dudas. Tentador, sensual… y una promesa de satisfacción.
—¿A qué hora paso por ti?
—Depende.
—¿De qué?
—De si crees que pued