Adri
A las tres de la tarde, la Operación Coqueta de Oficina estaba en pleno apogeo. Había sonreído y reído con cada perdedor del edificio ese día. No estaba segura de si él estaba mirando, pero estaba a punto de subir la apuesta. Iba de camino a ver a Fernando por la historia que había escrito.
Las puertas del ascensor se abrieron y sonreí dulcemente a la recepcionista.
—Hola, vengo a ver a Fernando.
—Claro, un momento —frunció el ceño, tratando de recordar mi nombre—. ¿Adriana Rojas?
—Sí, p