OCTAVO CAPÍTULO

—Listos para el entrenamiento —anunció con una voz que apenas se elevó sobre el viento.

Vaerion levantó su cabeza y exhaló una bocanada de humo oscuro. Era su forma de responder.

Zhaerys, en cambio, simplemente desplegó sus alas, proyectando una sombra inmensa sobre la llanura.

Nos encontrábamos en campo abierto, lejos del castillo, en la zona donde entrenábamos desde que éramos niños. Desde siempre, sabíamos que el día llegaría, el día en el que necesitaríamos más que la simple habilidad de volar.

Los dragones no eran solo bestias imponentes; eran la clave para nuestra supervivencia. Nuestro reino, Valatharys, era fuerte, pero las sombras de los otros reinos acechaban como lobos en la nieve.

Nocthar y Solaris, rodeados por el Mar de Sangre, eran aliados inestables, cambiantes como la marea. Draknor y Marendor, rodeados por el Mar del Norte, estaban sumidos en disputas internas, pero sabíamos que el hambre de poder los haría buscar una causa común.

Y luego estaba Valatharys, nuestro hogar, bañado por el Mar del Dragón, no sabíamos con exactitud cuándo, pero sabíamos que en algún momento la guerra llegaría.

Y no podíamos permitirnos estar desprevenidos.

—Hoy trabajaremos en maniobras de combate —dijo Vaedrik, entrelazando los dedos sobre su muslo mientras miraba hacia la llanura—. La velocidad de Zhaerys le da ventaja, pero quiero ver si puede evadir un ataque frontal de Vaerion sin perder altitud.

Fruncí el ceño.

—¿Me estás retando?

—Solo quiero ver si puedes hacerlo —respondió con calma.

Vaedrik nunca hablaba sin razón. Si quería probar algo, era porque tenía un plan, dirigí una mirada a Zhaerys y deslicé los dedos por la gruesa escama de su cuello.

—Vuela —murmuré.

Y Zhaerys lo hizo.

Con un solo movimiento, batió sus alas y nos elevó en el aire, dejando tras de sí un torbellino de polvo y césped arrancado. La velocidad con la que ascendió hizo que el viento se estrellara contra mi piel, pero no cerré los ojos.

Años montando a Zhaerys me habían acostumbrado a la sensación.

Vaedrik no tardó en seguirme.

Vaerion rugió con furia y, en un solo salto, se lanzó al aire con la misma facilidad con la que una serpiente se desliza entre las rocas. Sus alas rojas y negras destellaron bajo la luz del sol y, antes de que pudiera darme cuenta, estaba a mi lado.

—Que empiece la cacería —murmuró Vaedrik.

Y entonces, Vaerion atacó.

Su movimiento fue rápido, pero Zhaerys reaccionó con la misma velocidad.

Giré el cuerpo en el último segundo y Zhaerys inclinó su ala izquierda, reduciendo drásticamente la velocidad y lanzándonos en picada.

Vaerion pasó de largo, pero se recuperó con facilidad.

—Nada mal —dijo Vaedrik, sonriendo-. Pero puedes hacerlo mejor.

No respondí, sabía que podía hacerlo mejor, y se lo demostraría. Zhaerys descendió en picada, surcando el cielo con la velocidad de una estrella fugaz. El viento silbaba en mis oídos y mis ropas se pegaban a mi cuerpo por la presión del aire. Mi corazón latía con fuerza, pero no por miedo. No, esto no era miedo.

Era emoción.

Apenas unos metros antes de chocar contra el suelo, incliné mi cuerpo y presioné con las piernas los costados de Zhaerys. Mi dragón entendió la señal al instante. Plegó sus alas un segundo y luego las abrió de golpe, deteniendo la caída con un impulso que nos hizo surcar el aire en un ángulo perfecto.

Nos elevamos de nuevo, como un relámpago negro ascendiendo a las nubes.

Arriba, Vaerion nos esperaba.

Sus escamas rojas con vetas negras parecían arder con la luz del sol. Sus fauces se abrieron, dejando escapar un rugido grave que vibró en mis huesos. Sus alas, inmensas y poderosas, batieron una sola vez y se lanzó hacia nosotros como una sombra de fuego.

—No pienses que puedes esquivar para siempre, Elyra -la voz de Vaedrik sonó firme, sin rastro de burla esta vez—. Tarde o temprano tendrás que atacar.

Lo sabía.

Y lo haría.

Apreté los muslos contra el lomo de Zhaerys y me incliné hacia su cuello, casi pegando mi mejilla contra su escama rugosa.

—No nos dejaremos cazar —susurré.

Zhaerys rugió en respuesta, y entonces atacamos.

En lugar de esquivar, nos dirigimos de frente a Vaerion. Mi oponente no esperaba un contraataque directo, y ese pequeño instante de duda fue suficiente.

Zhaerys plegó sus alas en el último segundo y giró bruscamente en el aire, pasando justo por debajo de Vaerion antes de que sus fauces pudieran alcanzarnos. Mientras girábamos, extendí mi mano y deslicé los dedos sobre una de las gruesas escamas del vientre de Vaerion.

Un toque fugaz.

Un golpe simbólico.

Vaedrik lo sintió.

—Tsk... —chasqueó la lengua con frustración— Esa fue buena.

Sonreí.

—Solo buena?

Vaerion dio un giro ágil en el aire, rugiendo con impaciencia. Vaedrik acarició su cuello con la palma abierta, calmándolo.

—Aún no he terminado.

No me dio tiempo de reaccionar.

Vaedrik inclinó su cuerpo hacia adelante y Vaerion batió sus alas con una fuerza brutal. El dragón rojo y negro desapareció de mi vista en un abrir y cerrar de ojos. Un instante estaba frente a mí, al siguiente ya no.

Lo sentí antes de verlo.

El calor.

Zhaerys rugió y giré la cabeza justo a tiempo para ver la llamarada envolviéndonos.

—¡Sube! —grité.

Zhaerys se elevó bruscamente, justo antes de que el fuego nos alcanzara de lleno. Aun así, el calor era sofocante. Las llamas pasaron rozándonos, y sentí el ardor en mis mejillas.

Vaedrik me había llevado directo a su trampa.

Pero yo no iba a caer tan fácilmente.

—Está jugando en serio —murmuré con los labios curvados en una sonrisa—. Bien.

Zhaerys se sacudió el fuego que quedó atrapado en sus alas y se elevó más alto, buscando el punto ciego de Vaerion, lo encontré en un instante.

Vaerion estaba girando para seguirnos con la vista, pero su tamaño y su fuerza lo hacían ligeramente más lento en el aire que Zhaerys, aproveché la ventaja, Zhaerys descendió en picada de nuevo, pero esta vez no para esquivar.

Era hora de pelear.

Nos lanzamos contra Vaerion con un rugido ensordecedor, Vaedrik alzó la mirada y sus ojos se iluminaron con desafío.

—Así me gusta.

La batalla apenas comenzaba. Sentí la adrenalina recorriendo mis venas, la emoción de la competencia avivando mis sentidos. No tenía intención de perder, no hoy, no contra Vaedrik. Sabía que era fuerte, que su vínculo con Vaerion rozaba lo sobrenatural, pero yo también tenía lo mío. Le demostraría de lo que realmente estaba hecha.

El viento cortaba mi piel mientras Zhaerys se elevaba en el cielo con poderosas batidas de sus enormes alas negras. Su silueta se recortaba contra las nubes, una bestia oscura que dominaba los cielos con la misma fiereza con la que yo pensaba dominar este combate. Abajo, el mundo se extendía en un mar de verdes praderas y montañas distantes, un paisaje que en ese momento no tenía importancia. Todo lo que importaba era el duelo.

Vaedrik y Vaerion se movieron a mi derecha, girando con una sincronización impecable. Pude ver la mirada decidida de mi hermano, la forma en que se inclinaba ligeramente hacia adelante, preparándose para su siguiente movimiento. Su cabello rojo ondeaba con el viento, y por un instante, sentí que estaba viendo a un guerrero antiguo, una figura nacida para el combate.

No tuve tiempo de pensar más. Sin que pudiera preverlo, Vaerion rugió con una furia repentina y lanzó una bocanada de fuego en nuestra dirección.

—¡Zhaerys, gira! —grité con urgencia, mi voz ahogada por el rugido del dragón enemigo.

Mi fiel compañero reaccionó de inmediato, plegando un ala y girando bruscamente en el aire. La maniobra nos salvó de ser envueltos por completo en las llamas, pero no fue suficiente para evitarlo del todo. El fuego nos rozó, y en el mismo instante en que sentí el ardor en mi brazo y mi pierna, supe que había sido un error confiar en que Vaedrik se contendría.

El dolor fue inmediato, una sensación abrasadora que se extendió por mi piel en cuestión de segundos. Jadeé, sintiendo cómo la quemadura me robaba el aire, pero no podía permitir que eso me distrajera. Apreté los dientes, obligándome a mantenerme firme en la montura de Zhaerys.

—¡Llévame a tierra! —ordené con voz tensa, mi mandíbula apretada para no soltar un grito.

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