Zhaerys no dudó. Se inclinó hacia abajo y descendió a gran velocidad, el viento aullando a nuestro alrededor mientras sus alas batían con fuerza. El suelo se acercó rápidamente, y cuando sus garras tocaron tierra, me apresuré a bajar.
El impacto de mis botas contra el suelo me hizo tambalear por un segundo. El dolor seguía allí, latente y ardiente, pero me forcé a mantenerme erguida. Zhaerys se giró para mirarme, su enorme ojo dorado reflejando preocupación.
No tardó en llegar Vaedrik. Vaeri