—¡¿Un hijo, papá?! —Elyra casi escupió las palabras, con una mezcla de furia, incredulidad y asco—. ¿De verdad esperas que lo acepte en silencio? ¿Que sonría, que baje la cabeza, que le dé la bienvenida a otro usurpador como si no significara nada?
Margot alzó la vista desde el escritorio, molesto. Pero ella no retrocedió, no se detendría, ella necesitaba decir todo lo qué pensaba, no callaría, no sería sometida a aceptar algo en lo que no estaba de acuerdo.
—Ya fue suficiente con Vaedrik —dijo