El fuego de los candelabros danzaba en los muros de piedra, proyectando sombras que parecían figuras fantasmales en el salón del banquete, la mesa principal estaba repleta de manjares: carnes asadas, frutas en su punto exacto de maduración, panes recién horneados y copas de vino que resplandecían bajo la luz cálida de la estancia, las risas y murmullos de los nobles llenaban el aire, mezclándose con el sonido de cubiertos chocando contra los platos de plata, yo estaba sentada entre mi padre, el rey Margot, y mi hermanastro, Vaedrik. Mientras él comía en silencio, yo fingía indiferencia, deslizando mis dedos sobre el cáliz de vino frente a mí, aunque mis sentidos estaban completamente alerta.Al otro lado de la mesa, la reina Elthara sonreía con esa expresión medida que siempre había odiado, un gesto vacío, calculado, desde que tenía memoria, había intentado opacar el recuerdo de mi madre, la verdadera reina, Elenyra, pero su esfuerzo era en vano, porque no importaba cuántos años pasar
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