El viaje fue largo y extenuante. Cuando Falco apareció, su presencia no trajo consuelo, sino una confirmación de que las amenazas eran reales y mucho más cercanas de lo que imaginaba.
—Aisha, no tienes tiempo. Zaira no puede seguir donde está escondida. Si Darían descubre lo que planeas… —dijo Falco, su tono grave.
—Ya no se trata de lo que él descubra. Es lo que estoy dispuesta a hacer —respondió Aisha, su voz helada como el viento de la madrugada. Sus manos, apretadas en puños a los lados, re