Esa noche, mientras dormía en su abrazo, se permitió por un momento imaginar una vida diferente, lejos de las intrigas de su padre y las sombras de Ibrahim. Pero al despertar, la realidad la golpeó con fuerza. Ibrahim la esperaba, como siempre, con su enigmática sonrisa y una rosa azul en la mano.
—¿No te cansas de aparecer en los momentos más inoportunos? —le espetó Aisha, arrebatándole la flor.
—Es mi talento especial —respondió él con su tono burlón habitual—. Pero estoy aquí por algo impor