La penumbra envolvía la torre cuando Rasen arrugó otro papel manchado de tinta, arrojándolo al suelo con frustración. Su mente, una maraña de pensamientos obsesivos y emociones intensas, lo mantenía al borde de la cordura.
—Han pasado demasiados días desde que escribí… —murmuró, encendiendo otra vela con manos temblorosas.
Lionel, siempre atento, se acercó con una nueva hoja, pero no pudo evitar manifestar su preocupación.
—Rasen, deberías salir a tomar aire. Esta noticia te ha abrumado.
—¿Qué