La noche descendía lentamente sobre la mansión, cubriendo con su manto de penumbra el silencio tenso que reinaba en el lugar. Cristal, inquieta, sentía cómo la brisa helada penetraba hasta los huesos, pero su corazón palpitaba con una calidez que solo un nombre podía evocar: Rasen.
«Le di la orden explícita de no venir, bajo ninguna circunstancia.» Las palabras aún resonaban en su mente mientras su piel reaccionaba al leve roce de unos dedos. Era un contacto que, en lugar de consolarla, provocó