El peso de sus palabras se quedó en el aire, como una sombra imposible de ignorar.
Fue entonces cuando Skiller, con su sonrisa despreocupada, soltó la bomba.
—El día que me encerraron y casi muero, fue la sangre de Rasen la que me permitió volver. Él vive, Aisha.
Aisha se detuvo en seco.
Sus ojos, que un momento antes reflejaban desconcierto, ahora estaban llenos de un torbellino de emociones.
—¿Qué estás diciendo? — su voz apenas fue un susurro.
Skiller se acercó un paso, invadiendo su espacio