La noche desbordaba opulencia y poder. En la majestuosa mansión de la familia Ghali, el lujo no era solo una exhibición, sino un recordatorio de influencia. Las lámparas de cristal proyectaban reflejos dorados sobre las paredes de mármol, mientras las risas y conversaciones llenaban los salones con un eco de diplomacia cuidadosamente calculada.
Darío y Daesa Ghali, herederos del legado familiar, hicieron su entrada con la solemnidad que dictaba su posición. Cada paso que daban, cada mirada que