Aisha sentía cómo su mundo se tambaleaba con el simple roce de Sanathiel. Su presencia la envolvía, arrebatándole la voluntad y dejándola suspendida entre el deseo y el temor. Todo en su interior gritaba resistencia, pero su cuerpo no respondía. Estaba atrapada en un hechizo que no podía romper, una conexión que no podía negar.
—Tu libertad vendrá cuando sepas quién eres en realidad, Aisha —susurró Sanathiel, con una voz suave, pero cargada de un poder que retumbaba en cada rincón de su ser.
El