Capítulo 19: Humanidad.
Aisha miraba las grietas en el lienzo destruido. Entre los trazos rotos, aún se distinguía el contorno de unos ojos dorados. Los mismos que la perseguían cada noche.
—Un amor que te aplasta y te ahoga en pesadillas no puede ser amor… —murmuró, clavando las uñas en la cicatriz de su muñeca, aquella que le dejó el vidrio de la mansión en llamas.
El susurro de Rasen la sacó del trance:
—Aisha, ¿puedes venir un momento?
Ella giró, pero entre ellos flotaba una sombra: el recuerdo de Rasen muerto en e