Parte 2: Encuentro de Sangre y Sombras
Lionel irrumpió en el recinto de piedra. El olor a perro mojado le quemó las fosas nasales. Se cubrió la nariz con desdén y caminó directo a la mansión como una tormenta desencadenada. Amanecía, pero su furia oscurecía el pasillo.
Las bestias que resguardaban el lugar intentaron bloquear su avance, pero él, con un giro de muñeca y un golpe preciso, les rompió el cuello uno a uno, dejando sus cuerpos inertes en el suelo.
—Dime, ¿qué pasó con las personas de