El cielo nocturno se cubría de nubes oscuras, con la luna apenas visible tras los velos de sombras. El campamento de los Nevri estaba en un silencio inquietante, roto solo por el crujir de las ramas bajo los pasos apresurados de Zaira. Su mente era un torbellino, cada pensamiento un recordatorio de las advertencias de la bruja y de las consecuencias de lo que estaba a punto de hacer.
Sanathiel apareció de repente, su figura imponente recortada contra la penumbra. La tensión en su rostro era pal