Capítulo 50: Los Nevri y su poder oculto.
La luna roja dominaba el cielo, bañando el bosque con un resplandor carmesí que intensificaba cada sombra y despertaba los instintos más primitivos. El aire era pesado, cargado con el aroma metálico de la sangre y el eco de los gritos de guerra. Sanathiel permanecía de pie entre las ruinas del campamento, su cuerpo tensado, sus ojos dorados brillando con un fuego que oscilaba entre la furia y el dolor.
—¡No puedo confiar en ti! —rugió Salomón, con la voz desgarrada por la desesperación—. Zaira…