Desde el helicóptero, Darío descendió con paso firme, su presencia marcando un contraste entre la tensión que impregnaba el ambiente y la aparente tranquilidad con la que caminaba. Al acercarse a Skiller, chocó su mano con fuerza, su sonrisa irónica iluminando momentáneamente el momento.
—¡Cuñado! Daesa me pidió que te recuerde que tienes una luna de miel pendiente. Ya no hay excusas — dijo Darío, con un tono cargado de camaradería.
La mención de Daesa logró suavizar la mirada de Skiller, quien