La sed de sangre y poder que consumía a Rasen se había vuelto un monstruo insaciable, un huésped oscuro que no mostraba piedad. Cada día, su humanidad se desmoronaba un poco más, y con ello, el miedo de perderse por completo lo asfixiaba. Desesperado por encontrar respuestas —o quizás un resquicio de la persona que había sido— decidió buscar a Steven, el cazador y viejo amigo, en quien alguna vez había confiado.
Con una velocidad que parecía desafiar las leyes del tiempo, Rasen llegó a una bode